28 de junio de 2024

Bocanada, 25 años de un disco que habla como el humo

 


Hoy, en este día de orgullo y reivindicaciones, se conmemoran 25 años de uno de los discos imprescindibles del rock latinoamericano: Bocanada, la segunda placa en la carrera solista de Gustavo Cerati, ese artista inmortal que supo sacarle belleza a este caos llamado mundo.

Aprovechando la conmemoración, me tomé a la tarea de escuchar otra vez Bocanada y debo decir que el disco suena tan fresco a como cuando salió por primera vez.

Con una fuerte presencia electrónica, este disco marcó un antes y un después en la senda solitaria que trazó Cerati cuando publicó su intenso Amor amarillo en 1993. Aún estaba reciente el “gracias totales” con que él, Zeta Bosio y Charly Alberti daban fin a Soda Stereo y la expectativa por lo que haría en solitario era abrumadora. Cerati, preocupado más por su interior que por el afuera, decidió reinventarse y crear un sonido con el que se sintiera cómodo, más introspectivo, sofisticado y sincero.

El resultado es un disco nada excesivo en el que todo encaja: los sonidos dulces, placenteros y melancólicos, las letras que se quedan grabadas en la piel y que sin lugares comunes dibujan la delgada línea entre el amor y el desamor, los guiños a grandes escritores —como Jorge Luis Borges en “Aquí y ahora (los primeros tres minutos”)—, el marcado uso del sampler con el que Cerati hizo un collage de sus influencias, la experimentación calculada de inicio a fin que rompía barreras. Pese a su aura visionaria y excelsa producción, Bocanada fue recibido con parquedad por el público y la crítica, y tuvieron que pasar varios años para que fuera considerada una obra sublime.

Aun así, quedaron para la memoria musical canciones como “Puente” y  su llamado al amor a pesar de las distancias; “Paseo inmoral” y su oda a los excesos; “Tabú” y sus trepidantes sonidos latinos que bien podrían acompañar un cuento de Rubem Fonseca; “Beautiful”, uno de los temas más electrónicos del disco cuya psicodelia evoca a los amores que vienen y van, a las rupturas y reconciliaciones propias de una relación; y “Perdonar es divino”, una bella reivindicación del olvido como cicatrizante de las heridas del desamor.

Mucho humo podría salir por cuenta de este disco, pero solo me limitaré a decir, a manera de conclusión, que con él Cerati encontró su lugar en el mundo porque, como quedó consignado en el genial libro Cerati en primera persona de la periodista argentina Maitena Aboitiz, “sentí que tenía que recuperar mucha dulzura en la música, como un elemento básico, y realmente veo a Bocanada como eso, una especie de almohadón en el que puede uno recostarse”.

*Parte de esta reseña fue publicada originalmente en Laterales News. 


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